jueves, 18 de marzo de 2010

“La Virgen, el indio y el obispo”

Resumen del "nican mopohua" con comentarios linguisticos y pastorales

Nos basamos en el Nican Mopohua.

Está fuera de toda discusión la autenticidad del texto original.

Por no conocer la lengua nahuatl, no podemos ahondar en el análisis del sentido original. La traducción adoptada, aunque es la última, parece usar distintas palabras para el mismo término nahual. No desarrollamos tampoco el simbolismo de los números, e imágenes del mundo indígena. Ni el estudio de la imagen impresa en el ayate. Es solo un intento de reflexión pastoral sobre ese documento llamado el evangelio de América. Supone la fe en el texto sagrado. Y su comprension desde el designio salvador de Dios. No se lo analiza entonces desde el enfoque puramente linguistico o cultural (que es casi inconmensurable), sino desde una visión pastoral que apunta a la salvación.

La Virgen es la intervencion salvadora de Dios en un momento y lugar de la historia humana.

El indio es el habitante de América, no el indígena virgen, sino ya destruido en su vida social por la conquista y cristianizado en lo esencial (bautizado). Es la raíz de ese cristianismo popular que perdura hasta hoy.

El obispo, aunque admirable como persona, manifiesta la estructura eclesial, que ligada al poder político trasmite la verdadera fé al aborigen, pero destruyendo su cultura, y queriendo imponer una cultura eclesial ligada a la española.

Nota a la traducción :

[Fue escrito en elegante náhuatl poco antes o poco después de la muerte de Juan Diego entre 1540-1545, por el indio noble y sabio don Antonio Valeriano (1520-1605). Se reconoce como fuente de información al mismo Juan Diego (1474-1548), quien fue contemporáneo del padre de Valeriano y conocido de éste. Valeriano tendría once años de edad en la fecha de las apariciones y veintiocho a la muerte de Juan Diego. El original fue escrito sobre papel hecho con palma de maguey, como los antiguos códices aztecas. La presente traducción del náhuatl la ha realizado el Sr. Pbro. Don Mario Rojas Sanchez, sacerdote de la diócesis de Huejutla; de él también es la división en versículos (cuya numeración acá omitimos) hasta lograr 218, para puntualizar los sentidos. El P. Mario Rojas se ha dedicado desde su juventud a los estudios del náhuatl clásico, de la historia, los documentos y los monumentos de las razas prehispánicas, en especial de la nación azteca.]

Introduccion de Fray Mamerto Esquiú:

"Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe es el hecho que más que ninguna otra cosa ni con más honor y consuelo merece la calificación de Americano!

Los prudentes del siglo, los que explotan en beneficio propio todo lo que es del público, se burlarán de tan insípida y extraña expresión! Pero yo que soy hijo de la América y que no cedo a nadie en amarla y que mi corazón late de puro entusiasmo por la dignidad del hombre y de los Pueblos, porque creo y amo la dignidad infinita de Jesucristo, sí, con el más vivo sentimiento de honor nacional, de consuelo y sin ruborizarme repito: La Virgen de Guadalupe es Un hecho eminentemente Americano!"

Texto del nican mopohua ("aquí se narra..")

Aquí se cuenta, se ordena, cómo , hace poco, milagrosamente se apareció la perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, nuestra Reina, allá en el Tepeyac de renombre Guadalupe.

Primero se hizo ver de un indito, su nombre Juan Diego; y después se apareció su preciosa Imagen delante del reciente Obispo Don Fray Juan de Zumárraga.

Ya en este título del "evangelio de América" se plantea el contenido de todo el relato desde la diferencia de culturas (india y española) y la contraposición socio-religiosa (indito y Obispo). Temas que se repetirán a lo largo del relato. La Virgen es llamada ya "nuestra Reina". El Tepeyac ha sido renombrado por los españoles: Guadalupe. El indio es llamado por el nombre de su bautismo. El mismo nombre con que lo llamará la Virgen. La Virgen se deja ver por el indio. El obispo solo verá su imagen.

Diez años después de conquistada la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas las flechas, los escudos, cuando por todas partes había paz en los pueblos.

La guerra era un aspecto simbólico y real del funcionamiento de la sociedad azteca. Por eso al decir que se suspendió la guerra, se está significando también que "se acabó nuestra sociedad, se acabó nuestra nación".

No es la paz del orden sino de los cementerios. La Virgen se va a manifestar a un pueblo oprimido y destruido en su vida social.

Así como brotó, ya verdece, ya abre su corola la fe, el conocimiento de Aquel por quien se vive: el verdadero Dios.

Lenguaje de las flores, típico de la civilización azteca. Ipalnemohuani: Dios azteca "Aquel por quien vivimos"

El Dios de los indios está vinculado a esta vida. La flor y el canto son modos de comunicación de lo divino.

En aquella sazón, el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un indito, un pobre hombre del pueblo, Su nombre era Juan Diego, según de dice, vecino en Cuauhtitlán.

Cuauhtitlán: "lugar donde abundan las águilas". El nombre original de Juan Diego era Cuauhtlatoatzin: "el que habla como águila".Había entre los aztecas guerreros tigre y guerreros águila.

La numeración del tiempo ya no es azteca sino española y cristiana. Según datos históricos Juan Diego tenía 57 años de edad y 7 de cristiano en ese momento. Es un macehual, en la estructura social mexica, es decir no de la clase alta, pero con parcela de tierra que cultivaba y cuyo producto vendía en el mercado. Los mexicas recibían una educación esmerada. Ser un pobre hombre de pueblo, un indio no le quita dignidad.

[...]Y al llegar cerca del cerrito llamado Tepayac ya amanecía. Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros finos; al cesar sus voces, como que les correspondía el cerro, sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos sobrepujaban al del coyoltótotl y del tzinitzcan y al de otros pájaros finos.

El canto, al igual que las flores y junto con ellas , son señal de las comunicaciones de Dios. "Flor y canto" (in xóchitl in cuicatl) la verdad y la belleza. "Se estableció el canto. Se fijaban los tambores. Se decía que así principiaban las ciudades; existía en ellas la música".

Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá nomás lo estoy soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños? ¿Dónde estoy? ¿Donde me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento? ¿Acaso en la tierra celestial?

Por el símbolo de la flor como verdad, al decir que el Tepeyac es xochitlalpan ("lugar donde abundan las flores"), se nos declara que es el lugar de la verdad. Tonacatlalpan: ("el lugar de nuestra carne"), se refiere al lugar de donde todos procedemos. Tomoanchan: lugar en donde Tonacatecutli, "el señor de nuestra carne" va formando a los hombres y los va mandando al seno de sus madres en la tierra. De este paraíso hablaban los antiguos sabios (tlamatinime).

La Virgen se va a manifestar desde el cielo indígena. Desde la cultura del indio. El cielo de Juan Diego es como esta tierra: con flores y maíz. En su cristianismo mantiene el cielo de sus antepasados, que fue destruido por la conquista.

Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial. Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de oírse, entonces oyó que lo llamaban, de arriba del cerrillo, le decían : "Juanito, Juan Dieguito".

(Se omite la detallada descripción de la Virgen llena de simbolos de belleza similar a las teofanías del Horeb en la biblia.)

[...] En su presencia se postró. Escuchó su aliento, su palabra, que era extremadamente glorificadora, sumamente afable, como de quien lo atraía y estimaba mucho. Le dijo: Escucha, hijo mío el menor, Juanito: ¿a dónde te diriges?

Xocoyotl: hijo o hija menor o último. Hablando cariñosamente equivale al mas chico de los hijos, el pequeño.
Sólo una madre usa el diminutivo para un hombre de 57 años.

Y él le contestó: Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré, a tu casita de México-Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor: nuestros sacerdotes.

El indio va a recibir la fe de España pero no asimilará las formas eclesiales de los españoles. Los sacerdotes son transmisores de esa fe que será aceptada en lo esencial, desde una visión indígena.

En seguida, con esto dialoga con él, le descubre su preciosa voluntad: Le dice: "Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra; mucho quiero, mucho deseo que aquí le levanten mi casita sagrada,

La Virgen está diciendo que ella es la Madre de los antiguos dioses nahuas, y menciona solo los nombres de aquellos dioses que no tenían representación en imágenes, pero que formaban parte de la teología mas pura, sobre todo de la teología inmediatamente anterior a la conquista.

La Virgen pide un templo en el monte consagrado a las divinidades de su pueblo. Ella elige el lugar, no los sacerdotes, ni el indio. Por qué los milagros suceden en algunos sitios y en otros no, queda en el misterioso designio de Dios, decía ya San Agustín. En las apariciones de Lourdes en 1858 también pedirá a Bernardita que los sacerdotes le edifiquen un templo.

en donde lo mostraré, lo ensalzaré, al ponerlo de manifiesto; lo daré a las gentes con todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación.

La nueva traducción que ha tenido en cuenta muy de cerca los matices de la gramática náhuatl, descubre que el foco y centro de interés es Dios.(¿Excesiva preocupación cristocéntrica del traductor?

La antigua versión decía "me mostraré")"A las gentes" (ixquich), literalmente: a todos.

Porque yo en verdad soy vuestra Madre compasiva,

Maternidad y compasión son lo propio de la Virgen en América.

tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí.

No excluye a ningún habitante de esta tierra americana. El "estaís en uno" abarca también a los españoles. Lleva implícito el mestizaje. Se presenta como Madre del pueblo nuevo que nace de esa mezcla de razas.

Porque allí escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.

No habla de liberación, sino de aliviar su opresión. El mensaje trasciende el presente de Juan Diego.

Como el evangelio es universal. El pueblo mestizo y oprimido tendrá una Madre. La pastoral debiera valorar mas ese presentar la vida penosa del pobre ante la mirada compasiva de la Virgen; especialmente en los santuarios por ella elegidos.

Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa, anda al palacio del obispo de México, y le dirás cómo yo te envío, para que le descubras cómo mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo lo contarás, cuanto has visto y admirado, y lo que has oído.

"Compasiva mirada misericordiosa" estas y otras palabras del mensaje coinciden con el contenido de la Salve ("esos tus ojos misericordiosos" "vida dulzura y esperanza" "llanto y tristeza"). Ese es el inicio de la acción salvadora. El español había destruido los templos que sustentaban la vida social del indio. La Virgen reconstruye esa vida desde un nuevo templo, de ella, pero no de los españoles.

Elige como emisario al indio, que debe trasmitirle al obispo lo que ella quiere.

Lo normal desde una perspectiva eclesial es que el obispo le diga al indio lo que Dios quiere.

[...]Cuando vino a llegar al interior de la ciudad, luego fue derecho al Palacio del obispo, que muy recientemente había llegado, gobernante, sacerdote; su nombre era D. Fray Juan de Zumárraga, Sacerdote de San Francisco.

A pocos hombres debe tanto México como a este vasco, el primero en contemplar el retrato que dio la Virgen a sus mexicanos. El consiguió traer la primera imprenta que hubo en América, negoció en Toledo la primera Universidad, fundó el Hospital del Amor de Dios, trajo de España árboles frutales, semillas de lino y cáñamo y hasta moriscos de Granada para enseñar a los indios el cultivo de la seda, ganado lanar y artesanal para que se enseñasen a tejer telas, alfombras y tapicería.

Y en cuanto llegó, luego hace el intento de verlo, les ruega a sus servidores, a sus ayudantes, que vayan a decírselo: Después de pasado largo rato vinieron a llamarlo, cuando mandó el señor obispo que entrara. Y en cuanto entró, luego ante él se arrodilló, luego ya le descubre, le cuenta el precioso aliento, la preciosa palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice todo lo que admiró, lo que vio, lo que oyó. Y habiendo escuchado toda su narración, su mensaje, como que no mucho lo tuvo por cierto,

[En las informaciones de 1666 dicen los testigos indígenas que en esta primera entrevista hicieron burla de Juan Diego, el obispo y sus acompañantes.]

Según el padre Tovar jesuita de Texcoco, en un documento del siglo XVI, el obispo "habría replicado expresando clara desconfianza y preguntando al vidente si lo que había creído contemplar no sería mas que efecto de un rato de embriaguez.".

le respondió, le dijo: "Hijo mío, otra vez vendrás, aun con calma te oiré, bien aun desde el principio miraré, consideraré la razón por la que has venido, tu voluntad, tu deseo".

El indio espera ser pronto creído, porque él tiene fe en la Virgen. La fe del pobre es inmediata no entiende de dilaciones o mediaciones. Pero solo recibe promesas y buenos modos. El medio eclesial no está preparado para atender indios que se manejan con otra cultura.. Al indio le costará cada vez mas llegar a la autoridad eclesial.

Salió; venía triste porque no se realizó de inmediato su encargo.

Conclusión de la perícopa: la fé popular (su vinculación con la Virgen) no es comprendida por la estructura eclesial.

Luego se volvió, al terminar el día; luego de allá se vino derecho a la cumbre del cerrillo.

La noche, la falta de luz como en los evangelios simboliza un estado de incomprensión del mensaje. (Cfr. J. Mateos, passim)

Y tuvo la dicha de encontrar a la Reina del Cielo: allí, cabalmente donde la primera vez se le apareció, lo estaba esperando. Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por tierra, le dijo: Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la mas pequeña, mi Muchachita, ya fui donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del Gobernante Sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste.

Tlacaetl: persona noble, generosa, magnífica. También la llama "la mas pequeña"(noxocoyouhe) como ella lo había llamado a él..

Habría que estudiar desde el punto de vista lingüístico cada uno de los nombres que el indio da a la Virgen en su idioma, y sus matices de respeto, cariño y cercanía.

También notar que cuando habla la Virgen se usa la palabra "obispo" en el original, casi siempre, menos la última vez en que emplea la palabra que usa aquí Juan Diego "teopixca-tlatoani" "sacerdote-gobernante". El narrador también emplea obispo gobernante. El tlatoani gobernaba desde lo religioso. No se dividía la sociedad mexica en compartimientos: lo social, lo económico, lo religioso. Mercado y templo van juntos. No se concebía la vida social sin lo religioso

Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero, por lo que me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene por cierto. Me dijo: "Otra vez vendrás, aun con calma te escucharé, bien aun desde el principio veré por lo que has venido, tu deseo, tu voluntad". Bien en ello miré, según me respondió, que piensa que tu casa que quieres que te hagan aquí, tal vez yo nada más lo invento, o que tal vez no es de tus labios.

El obispo no entiende al indio pero el indio entiende perfectamente al obispo. La sabiduría del pobre le hace conocer a las personas.

Mucho te suplico, Señora mía, Muchachita mía, que a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean.

Es la lógica humana, la que quiere usar aquí Juan Diego. Porque es la que usa habitualmente la Iglesia: confiar mas fácilmente en el que es "respetable".

Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mi detenerme allá a donde me envías, Virgencita mía, Hija mía menor, Señora, Niña.

Cuitlapilli: "cola o rabo"; atlapalli: "hoja de árbol o hierba"; estos dos vocablos unidos significan "gente menuda". Mecapal, cacaxtli (parihuela): enseres de carga, aún en uso en muchas regiones del país; el primero: una faja de ixtle que pasa por la frente y ayuda a sostener la carga; el segundo un armadijo de varas y cuerdas donde se acomoda el fardo, y va apoyada en las espaldas del cargador. Son expresiones de mucha humildad, tomadas de los refranes y modos de hablar de aquel entonces, del habla popular. Como si dijera: "No soy más que un animal de carga; necesito que otras personas me guíen; me siento fuera de mi ambiente en esos lugares a donde me mandas.."

Se marca claramente aquí la diferencia cultural, y la separación entre pobre y rico. Aún hoy día muchos pobres sienten que "no es lugar de mi andar" allá donde se pretende que vayan. Este humilde conocimiento de su condición de pobreza lo impulsa a querer cambiar el designio de la Virgen.

Por favor dispénsame: afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora y Dueña mía.

Pero entonces aparece con toda su fuerza el designio salvador de Dios mediante los pobres:

Le respondió la Perfecta Virgen, digna de honra y veneración: Escucha, el más pequeño de mis hijos; ten por cierto que nos son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quienes encargue que lleven mi aliento, mi palabra, para que efectúen mi voluntad; pero es muy necesario que tú, personalmente vayas, ruegues, que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad. Y mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Y de mi parte hazle saber, hazle oír mi querer, mi voluntad, para que realice, haga mi templo que le pido. Y bien, de nuevo dile de qué modo yo, personalmente, la siempre Virgen Santa María, Yo, que soy la madre de Dios, te mando.

Dios quiere salvar al hombre no solo por los canales habituales de la Iglesia institución, sino por la comunicación amorosa y personal de la Virgen Madre. Y ese designio debe ser comprendido por el obispo como verdadero. Reconoce la Virgen los caminos habituales ("no son escasos mis servidores, mis mensajeros"), pero quiere emplear en América el camino del indio pobre y despreciado. El designio divino es que el obispo acepte la presencia y palabra del indio. Ese camino de salvación se concreta en una iglesia (templo) para el indio.

Juan Diego por su parte, le respondió, le dijo: Señora mía, Reina, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón; con todo gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni estimo por molesto el camino.

El indio ante la firmeza de la Virgen obedece. Pero no cambia de opinión:

Iré a poner en obra tu voluntad, pero tal vez no seré oído, y si fuere oído, quizás no seré creído.

[...]Y a eso de las diez fue cuando estuvo preparado: se había oído Misa y se había nombrado lista y se había dispersado la multitud.

Pasar lista: se refiere al registro que se llevaba de todos los bautizados. No estar el domingo para pasar lista podría despertar sospechas de haber regresado a las idolatrías.

El indio no se exime de su obligación de cumplir con la institución eclesial. Primero oye misa porque es domingo y es "anotado en la lista".

Juan Diego luego fue al palacio del señor obispo.

("Tlatoani Obispo")

Y en cuanto llegó hizo toda la lucha por verlo, y con mucho trabajo otra vez lo vio. A sus pies se hincó, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle la palabra, el aliento de la Reina del Cielo, Que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle su casita sagrada, en donde había dicho, en donde la quería. Y el gobernante obispo muchísimas cosas le preguntó, le investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella; todo absolutamente se lo contó al señor obispo.

Epi-scopo: es el que vigila, el que administra. Es el guardián de la fe verdadera.

Y aunque todo absolutamente se lo declaró, y en cada cosa vio, admiró que aparecía con toda claridad que Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, sin embargo, no luego se realizó. Dijo que no sólo por su palabra su petición se haría, se realizaría lo que él pedía: que era muy necesaria alguna otra señal para poder ser creído cómo a él lo enviaba la Reina del Cielo en persona.

En los números 79, 94,101, 123, 137, 160, etc. se repiten constantemente las palabras tlanezcayotl, tlaneltiliztli, machiyotl: prueba, comprobación, señal.

El indio no duda que la Madre de Dios le dará cualquier señal que le pida:

Tan pronto como lo oyó Juan Diego, le dijo al obispo: "Señor gobernante, considera cuál será la señal que pides, porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me envió".

El que parece dudar en pedir una señal determinada es el obispo. (¿Cfr. Isaías 7?)

Y habiendo visto el obispo que ratificaba, que en nada vacilaba ni dudaba, luego lo despacha.

La institución, mas que en milagros prefiere confiar, logicamente, en informantes:

Y en cuanto se viene, luego les manda algunos de los de su casa en los que tenía absoluta confianza, que lo vinieran siguiendo, que bien lo observaran a dónde iba, a quién veía, con quién hablaba.

El enojo de los que lo siguen, al perderlo de vista, motiva que le "llenen la cabeza al obispo":

[...]Así le fueron a contar al señor obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que nada más inventaba lo que venía a decirle, o que solo soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía.

(Lo peor siempre es el entorno.) Y dentro de su espacio de poder, toman decisiones:

Y bien así lo determinaron que si otra vez venía, regresaba, allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que ya no volviera a decir mentiras ni alborotar a la gente.

Son los guardianes del orden: buscan evitar el tumulto.

Entre tanto Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del señor Obispo. La que oída por la Señora, le dijo: Bien está, hijito mío, volverás mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido: con esto te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará. Y sábete hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has impendido; Ea, vete ahora, que mañana aquí te aguardo.

Además de prometer una señal que ella elegirá, le asegura que será creído y subraya una vez mas como en veces anteriores la dificultad y el trabajo que significaba para Juan Diego esa misión. Siendo un pobre frecuentar el palacio con un mensaje increíble.

Y al día siguiente, lunes, cuando debía llevar Juan Diego alguna señal para ser creído, ya no volvió. Porque cuando fue a llegar a su casa, a un su tío, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad, estaba muy grave.

In cocoliztli: literalmente la enfermedad; pero en esos tiempos era la viruela traída por los españoles, para la que no había remedio.

Otro elemento que marca el mestizaje y la opresión.

Aún fue a llamarle al médico, aún hizo por él, pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave. Y cuando anocheció, le rogó su tío que cuando aún fuere de madrugada, cuando aún estuviere oscuro, saliera hacia acá, viniera a llamar a Tlatilolco algún Sacerdote para que fuera a confesarlo, para que fuera a prepararlo. Porque estaba seguro de que ya era el tiempo, ya el lugar de morir, porque ya no se levantaría, ya no se curaría.

En el mundo náhuatl el tío (hermano de la madre) heredaba a sus sobrinos y no a sus hijos; el verdadero antepasado no era el padre sino el tío. En los textos de Sahagún vemos que tío es la máxima expresión de respeto y consideración que se puede tener hacia una persona honorable.

Es mientras Juan Diego va apurado a buscar al sacerdote, cuando tiene el desconcertante propósito de evitar el encuentro con la Virgen, para no retrasarse. Lo sobrenatural no anula en él lo inmediato. Creer en el mas allá, no es desentenderse de las urgencias de caridad en esta vida. La vida eterna y la presente van naturalmente juntas en la vida del pobre.

[...]"Si me voy derecho por el camino, no vaya a ser que me vea esta Señora y, seguro, como antes me detendrá para que le lleve la señal al gobernante eclesiástico como me lo mandó; que primero nos deje nuestra tribulación; que antes yo llame de prisa al sacerdote religioso, mi tío no hace mas que aguardarlo".

In Teopixqui Motolinia (al sacerdote religioso, o al Padre Motolinía ): Puede entenderse de las dos maneras. Se sabe que el Padre Motolinía había tenido influjo en la vida espiritual de aquellos inditos. Tal vez por ello lo buscaban a él personalmente. (B. Tanco p. 55).

Pero "la que perfectamente a todas partes está mirando" le sale al encuentro:

Le vino a salir al encuentro a un lado del cerro, le vino a atajar los pasos; le dijo: "Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?" Y él tal vez un poco se apenó, ¿o quizás se avergonzó? ¿O tal vez de ello se espantó, se puso temeroso? En su presencia se postró, la saludó, le dijo: "Mi jovencita, Hija mía la mas pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta: ¿cómo amaneciste? ¿acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía? Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío. Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella. Y ahora iré de prisa a tu casita de México, a llamar alguno de los amados de Nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo.

Y en la próxima frase expresa el "fatalismo" de su visión de la vida, que habría que estudiarlo desde la teología náhual y desde el Eclesisastés:

Porque en realidad para ello nacimos, los que vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte.

Mas si voy a llevarlo a efecto, luego aquí otra vez volveré para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía. Te ruego me perdones, tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa".

En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen: "Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió; que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva. ¿No estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿no estás bajo mi sombra y resguardo? ¿no soy yo la fuente de tu alegría? ¿no estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿tienes necesidad de alguna otra cosa?

La frase: Cuix amo Nehuatl in nimopaccayeliz? es casi intraducible por la profundidad de su contenido: "¿No soy yo la naturaleza de tu salud, el ser de tu bienestar, el principio vital de tu paz?" Nocuixango, Nomamalhuazco, Cuixantli es la cavidad delantera que se forma con una vestidura: falda, enagua, delantal, ayate, para cargar algo; de allí la idea y la imagen de gremio, regazo, protección, intimidad, cercanía, amparo. Mamalhuaztli es el receptáculo semejante pero formado hacia la espalda con el rebozo, manto, capa, o con el mismo ayate, dándole vuelta. Esta expresión de la Virgen corresponde a lo que había dicho Juan Diego: "necesito ser conducido, llevado a cuestas.." Ahora Ella le dice: "¿No te llevo en mis brazos?¿No te cargo en mis espaldas?". Vemos aún ahora cuán tiernamente llevan las indias a sus hijitos en las espaldas.

Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe: Que no te apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora, ten por cierto que ya está bueno".

(Y luego en aquel mismo momento sanó su tío como después se supo).

Y Juan Diego, cuando oyó la amable palabra, el amable aliento de la Reina del Cuelo, muchísimo con ello se consoló, bien con ella se apaciguó su corazón.

Ilhuicac Cihuapilli: "La Reina del Cielo". Diecisiete veces nombra así a la Virgen el nican mopohua; y once veces Cihuapilli "Reina".

Y le suplicó que inmediatamente lo mandara a ver al gobernante obispo, a llevarle algo de señal, de comprobación para que creyera. Y la Reina Celestial luego le mandó que subiera a la cumbre del cerrillo, en donde antes la veía.

El cerro de la aparición forma parte de la señal. De donde adoraban sus antepasados viene el milagro.

Le dijo: "sube hijo mío el menor, a la cumbre del cerrillo, a donde me viste y te di órdenes:

Allí verás que hay variadas flores; córtalas, reúnelas, ponlas todas juntas; luego baja aquí; tráelas aquí, a mi presencia.

La verdad en la tierra se expresaba con el difrasismo Flor y Canto: In xóchitl in Cuicatl.

Y Juan Diego luego subió al cerrillo. Y cuando llegó a la cumbre, mucho admiró cuántas había, florecidas, abiertas sus corolas, flores las más variadas, bellas y hermosas, cuando todavía no era su tiempo: Porque de veras que en aquella sazón arreciaba el hielo. Estaban difundiendo un olor suavísimo; como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno. Luego comenzó a cortarlas, todas las juntó, las puso en el hueco de su tilma.

Si las flores son la verdad, el indio junta verdades que vienen de sus ancestros, en el hueco de su poncho. Pero para que sean un signo, todavía las tiene que tocar la Virgen.

Por cierto que en la cumbre del cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, sólo abundaban los riscos, abrojos, espinas; nopales, mezquites. Y si acaso algunas hierbecillas se solían dar. Entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come, lo destruye el hielo.

Y en seguida vino a bajar, vino a traerle a la Niña Celestial las diferentes flores que había ido a cortar. Y cuando las vio, con sus venerables manos las tomó;

Es un gesto casi sacramental. Como Cristo, que tomó el pan "en sus santas y venerables manos" (canonI).

Luego otra vez se las vino a poner todas juntas en el hueco de su ayate, le dijo:

"Mi hijito menor, estas diversas flores son la prueba, la señal que llevarás al obispo. De mi parte le dirás que vea en ellas mi deseo, y que por ello realice mi querer, mi voluntad."

Las flores-verdades, van unidas a la palabra del indio y a su poncho o ayate, que simboliza toda su vida.
Ese es el querer de la Virgen, que tiene que reconocer el obispo-iglesia.

Y mucho te mando con rigor que nada más a solas, en la presencia del obispo, extiendas tu ayate, y le enseñes lo que llevas.

Se recalca que la señal es solo para el obispo.

Y tú que eres mi mensajero... en ti absolutamente se deposita la confianza.

La confianza de la Virgen (y de la Iglesia?) en el indio, contrasta con la desconfianza del entorno, para quienes "contaba mentiras" "inventaba lo que venía a decirle" "solo imaginaba lo que le decía" o "alborotaba a la gente".

Y le contarás todo puntualmente, le dirás que te mandé que subieras a la cumbre del cerrito a cortar flores, y cada cosa que viste y admiraste, Para que puedas convencer al gobernante sacerdote, para que luego ponga lo que está de su parte para que se haga, se levante mi templo que le he pedido.

Las palabras del indio y su admiración, entran también a formar parte del signo, junto con el cerro, las flores, y el templo-casita de la Virgen.

Y en cuanto le dio su mandato la Celestial Reina, vino a tomar la calzada, que viene derecho a México, ya viene contento. Ya así viene sosegado su corazón, porque vendrá a salir bien, lo llevará perfectamente. Mucho viene cuidando lo que está en el hueco de la vestidura, no vaya a ser que algo tire; Viene disfrutando del aroma de las diversas preciosas flores.

El indio disfruta y cuida su vida y sus verdades que han sido tocadas por la Virgen. Todo saldrá bien.

Y cuando vino a llegar al palacio del obispo, lo fueron a encontrar el portero y los demás servidores del sacerdote gobernante. Y les suplicó que le dijeran cómo deseaba verlo, pero ninguno quiso; fingían que no le entendían, o tal vez porque aun estaba muy oscuro; O tal vez porque ya lo conocían que nomás los molestaba, los importunaba, y ya les habían contado sus compañeros, los que lo fueron a perder de vista cuando lo siguieron el día anterior. Durante muchísimo rato estuvo esperando la razón.

Cada vez le resulta mas difícil a la tosudez del indio, llegar hasta el sacerdote gobernante.

Y cuando vieron que por muchísimo rato estuvo allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si era llamado, y como que algo traía, lo llevaba en el hueco de su tilma; luego, pues, se le acercaron para ver qué traía y desengañarse.

Los del palacio episcopal asumen la función investigadora del obispo (epi-scopo). ¿Desobedece Juan Diego a la Virgen forzado por la violencia? ¿O forman parte del obispo destinatario, también los sirvientes? Y recién cuando ven que lleva solo flores, y que ellos no las pueden agarrar:

[...]Inmediatamente fueron a decirle al Gobernante Obispo lo que habían visto. Cómo deseaba verlo el indito que otras veces había venido, y que hacía muchísimo rato que estaba allí aguardando el permiso, porque quería verlo. Y el Gobernante Obispo en cuanto lo oyó, dio en la cuenta que aquella era la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba el hombrecito. Enseguida dio orden de que pasara a verlo. Y habiendo entrado, en su presencia se postró como ya antes lo había hecho. Y de nuevo le contó lo que había visto, admirado, y su mensaje. Le dijo: Señor mío, gobernante, ya hice, ya llevé a cabo según me mandaste.

La explicación de Juan Diego repite hasta en los detalles todo lo sucedido:

Así, fui a decirle a la Señora mi Ama, la Niña Celestial; Santa María, la Amada Madre de Dios, que pedías una prueba para poder creerme, para que le hicieras su casita sagrada, en donde te la pedía que la levantaras; y también le dije que te había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal, alguna prueba de su voluntad, como me lo encargaste. Y escuchó bien tu aliento, tu palabra, y recibió con agrado tu petición de la señal, de la prueba, para que se haga, se verifique su amada voluntad. Y ahora, cuando era todavía de noche, me mandó para que otra vez viniera a verte; y le pedí la prueba para ser creído, según había dicho que me la daría, e inmediatamente lo cumplió. Y me mandó a la cumbre del cerrito en donde antes ya la había visto; para que allí cortara diversas rosas de Castilla.

Caxtillan xochitl: "de Castilla" no necesariamente quiere decir el origen, sino que es ponderación de la calidad; prueba de ello es que los testigos españoles de las Informaciones de 1666 dijeron que eran "de Alejandría". (Ver también Num. 127, 154, 177, 182).

Con todo puede ser también signo de la unión de culturas.

Y cuando las fui a cortar, se las fui a llevar allá abajo; y con sus santas manos las tomó.
("venerables" tradujo antes el mismo P. Rojas )

De nuevo en el hueco de mi ayate las vino a colocar. Para que te las viniera a traer, para que a ti personalmente te las diera. Aunque bien sabía yo que no es lugar donde se den flores la cumbre del cerrito, porque solo hay abundancia de riscos, abrojos, huizaches, nopales, mezquites, no por ello dudé, no por ello vacilé.

Otra muestra de la fe directa del indio.

Cuando fui a llegar a la cumbre del cerrito miré que ya era el paraíso

(xochitlalpan: la tierra de las flores). El Paraíso es el lugar de la verdad, de la tierra florida.

Allí estaban ya perfectas todas las diversas flores preciosas, de lo mas fino que hay, llenas de rocío, esplendorosas, de modo que luego las fui a cortar. Y me dijo que de su parte te las diera, y que ya así yo probaría; que vieras la señal que le pedías para realizar su amada voluntad. Y para que aparezca que es verdad mi palabra, mi mensaje,

Insistencia en la sinceridad del indio, que para la Virgen es "de toda confianza".

aquí las tienes; hazme el favor de recibirlas.

Y luego extendió su blanca tilma, en cuyo hueco había colocado las flores. Y así como cayeron al suelo todas las variadas flores preciosas, luego allí se convirtió en señal, se apareció de repente la Amada Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura que ahora está. en donde ahora es conservada en su amada casita, en su sagrada casita en el Tepeyac, que se llama Guadalupe.

En esta primera conclusión del relato la imagen aparece tras el testimonio del indio.

Cuando espiaban los sirvientes solo había rosas inagarrables.

La Virgen desde su imagen le dice al obispo que le crea al indio. Que crea que es verdad que la vida-tilma del indio ha sido tocada por la Virgen, "la madre del verdadero Dios por quien se vive".

Y que el Santuario es el signo y lugar de ese encuentro, que todo indio lleva impreso en el alma.

Lo que sigue del relato cuenta ya la fé del obispo en la Virgen y en el indio.

Y en cuanto lo vio el obispo gobernante y todos los que allí estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron.

Antes el indio se arrodillaba ante el obispo. Ahora desde la fe se invierten los papeles. El obispo se arrodilla ante la Virgen llevada por el indio.

Se pusieron de pie para verla, se entristecieron, se afligieron, suspenso el corazón, el pensamiento... Y el obispo gobernante, con llanto, con tristeza, le rogó, le pidió perdón por no luego haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra.

Y cuando se puso de pie, desató del cuello de donde estaba atada, la vestidura, la tilma de Juan Diego, en la que se apareció, en donde se convirtió en señal la Reina Celestial. Y luego la llevó; allá fue a colocar a su oratorio.

¿Signo de devoción o intento de apropiarse de la Virgen india?

Y todavía allí pasó un día Juan Diego en la casa del obispo, aún lo detuvo. Y al día siguiente le dijo: Anda, vamos a que me muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo. De inmediato se convidó gente para hacerlo, levantarlo.

Y Juan Diego, en cuanto mostró en dónde había mandado la Señora del Cielo que se erigiera su casita sagrada, luego pidió permiso: Quería ir a su casa para ir a ver a su tío Juan Bernardino, que estaba muy grave cuando lo dejó para ir a llamar a un sacerdote a Tlatilolco para que lo confesara y lo dispusiera, de quien la había dicho la Reina del Cielo que ya había sanado.

Acabada su misión el indio vuelve a la vida concreta. Sigue "no siendo su lugar de andar"el palacio eclesial.

Pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa. Y al llegar vieron a su tío que ya estaba sano, absolutamente nada le dolía. Y él, por su parte, mucho admiró la forma en que su sobrino era acompañado y muy honrado; le preguntó a su sobrino por qué así sucedía, el que mucho le honraran;

El indio viejo se admira de que honren a un pobre.

Y él dijo cómo, cuando lo dejó para ir a llamarle un sacerdote para que lo confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyac se le apareció la Señora del Cielo; y lo mandó a México para ver al gobernante obispo, para que allí le hiciera una casa en el Tepeyac. Y le dijo que no se afligiera, que ya su tío estaba contento, y con ello mucho se consoló. Le dijo su tío que era cierto, que en aquel preciso momento lo sanó, y la vio exactamente en la misma forma en que se le había aparecido a su sobrino, y le dijo cómo a él también lo había enviado a México a ver al obispo; y que también cuando fuera a verlo, que todo absolutamente le descubriera, le platicara lo que había visto, y la manera maravillosa en que lo había sanado, Una nueva aparición "sanadora" a otro indio que también debe testimoniar ante el obispo el amor de la Madre misericordiosa.

y que bien así la llamaría, bien así se nombraría: La Perfecta Virgen Santa Maria De Guadalupe, su amada Imagen.

El nombre náhuatl que verosimilmente dio la Virgen a Juan Bernardino y que los oídos españoles asimilaron a "de Guadalupe" (en náhuatl no existe la G ni la D) tal vez nunca lo lleguemos a encontrar en ningún documento.

El nombre que se sugiera, tiene que dar satisfacción a muchas exigencias, y en especial al carácter todo de la narración, que es constructivo y amable; no hay ni sombra de reproche a las antiguas "idolatrías", sino siempre el utilizar lo positivo y legítimo para expresar el Mensaje. Proponemos aquí el nombre TLECUAHTLAPCUPEUH, cuyos elemento significarían: Tle-tl: fuego. Elemento que recuerda el lugar donde Dios vive y actúa. Cuauh-tli: águila. Símbolo del Sol y de la Divinidad. Tlapcup-a: del Oriente, de la región de la luz (que era también la región de la música. Euh: el verbo ehua en forma de pretérito. Dicha terminación se usa para indicar el sujeto que hace la acción y que continúa haciéndola. Significa: levantar, proceder de, disponerse a volar, revolar, entonar un canto. El significado de dicho nombre en su forma mas sencilla sería: la que procede de la región de la luz como el Águila de fuego (Dios).

Todo un resumen; comprensible para la teología indígena, pero incomprensible (y por tanto insospechable) para los españoles. Guadalupe significaría según los estudiosos de la lengua árabe: río de cascajo negro, o también: río de amor. La Virgen de Guadalupe de España suscitaba muchísima devoción entre los conquistadores. El nombre de la Virgen, ya aceptado por Valeriano, es otro signo de esa nueva mezcla de culturas. Aunque se impuso el español, ella es la Madre de todos los hombres que "en esta tierra están en uno". Por otra parte son indudables los rasgos mestizos y la simbología india en el vestido de la Virgen.

El final del nican mopohua reafirma todo lo actuado por la Virgen el indio y el obispo.

Y luego trajeron a Juan Bernardino a la presencia del gobernante obispo, lo trajeron a hablar con él, a dar testimonio. Y junto con su sobrino Juan Diego, los hospedó en su casa el obispo unos cuantos días, En tanto que se levantó la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyac, donde se hizo ver de Juan Diego. Y el señor obispo trasladó a la iglesia mayor la amada Imagen de la Amada Niña Celestial. La vino a sacar de su palacio, de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran, la admiraran, su amada imagen. Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver, a admirar su preciosa Imagen. Venían a reconocer su carácter divino. Venían a presentarle sus plegarias. Mucho admiraron en que milagrosa manera se había aparecido, puesto que absolutamente ningún hombre de la tierra pintó su amada Imagen. La amada imagen (Itlazoixiplatzin) será en adelante la Virgen.

Corolarios:

1. ¿Siempre tiene que haber un indio en el medio?

En Luján (Siglo XVII) el intermediario es un negro. Y la Virgen "se vuelve"hasta que no le devuelven al negro. La Iglesia oficial recién aparece 40 años después (número bíblico) con el padre Montalvo, a quien sana el negro con el aceite de la lámpara de la Virgen.

En el Valle (S. XVII) son los indios los que tenían la Virgen y le bailaban en la cueva de Choya, hasta que el español Zalazar se las sacó y la llevó a la Iglesia.

En Itatí también, aunque la imagen la trae Fray Bolaños, están por medio los indios itatines, es una talla indígena, y hay varios "robos" y "encuentros"de la imagen por parte de los indios.

2. ¿Cuantas formas del cristianismo popular vienen de los indios?

Fray Gerónimo de Mendieta:

"Para tratar de las fiestas que estos indios de la Nueva España (en especial los de México, Texcuco y Tlaxcala) hacían a sus dioses, es de saber cuanto a lo primero, que tenían su calendario por donde se regían, y tenían señalados sus días del año para cada uno de los diablos a quien hacían fiesta y celebraban, así como nosotros tenemos dedicado su día en tal o tal mes a cada uno de los santos.

[....]Hablando pues de las fiestas que hacían a sus dioses, es de saber que sus fiestas las solemnizaban y regocijaban mucho con adornar y tener muy limpios sus templos, muy barridos y muy compuestos de rosas y cosas verdes y alegres, y con cantares muy somnes a su modo, y bailes al mismo son, con mucho tiento y peso, sin discrepar en el tono ni en el paso, porque ésta era su principal oración (como arriba queda dicho). No parecía sino que andaban arrobados.

[...] Los bailes solemnes hacían por la mayor parte en el templo delante de sus dioses, o en el palacio del señor, o en el mercado. Pocas fiestas hacían sin borracheras a la noche, y otras cosas que de ella suelen suceder. En algunas fiestas llamaban y juntaban las mozas para bailar en corro, y al fin se volvía el baile en carne, muchas veces o por la mayor parte.

[...] Mayormente hacían este universal sacrificio y mortandad de todods los esclavos de guerra, en una muy grande y solemne fiesta, que tenían por la mas principal de todas, y la llamaban panquetzaliztli. Y antes que comenzasen tan cruel sacrificio, hacían procesión al ídolo huitzilopochtli en Mexico, en esta manera: vestido el papa de sus insignias y los cardenales (digamos) con él, luego por la mañana tomaba el mismo papa el dicho ídolo, y a mas andar o a correr, y los demás sacerdotes tras él, iban a Tenayuca que dista de México dos leguas, y de allí volvían a Tacuba, que del dicho lugar dista otras dos; y de allí a Cuyoacan otras dos, y de allí daban vuelta para Mexico que hay otras dos leguas. De suerte que era mediodía o mas cuando allí llegaban. Y si el ídolo no se le caía era buena señal: y si se le caía teníanla por mala.

[...] En la fiesta principal del dicho ídolo Huitzilopochtli, en un pueblo dos leguas de Mexico que se dice Iztapalapa, sacaban lumbre nueva (apagando todas las lumbres de las casas y templos) y de presto la llevaban a santificar ante el dicho ídolo a Mexico: para lo cual mataban y sacrificaban a un hombre, con cuya sangre rociaban el fuego nuevo, y de allí encendían fuego para poner ante susu dioses: y tomaba la gente lumbre, así para sus templos como para sus casas, aunque estuviesen una jornada y dos de Mexico, lo cual parece que hacían en el año que tenían como jubileo, de cincuenta y dos en cincuenta y dos....

[...] Aunque en algunos capítulos se ha tratado arriba de los sacrificios y servicios que estos indios hacían a sus dioses, no se ha hecho mención de los ayunos, que eran rigurosísimos los que el Demonio les enseñó, no por devoción que tiene a esta virtud, antes le es cruel enemiga (como lo testifica la misma Verdad, Cristo, por San Mateo), sino para por todas vías afligir a aquellos sus feligreses, sin que alcanzasen por su penitencia algún merecimiento.

En toda la tierra era general ayunar; mas no eran en toda ella generales los tiempos de ayuno, sino que cada provincia ayunaba a sus dioses según su devoción y costumbre que tenían recibida. Los mayores ayunadores eran los ministros del templo para dar ejemplo, y en esto conformaban con la costumbe de nuestra Iglesia católica, y con la razón, pues es mas justo que los que están dedicados al culto divino se ejerciten mas en estos actos penitenciales, que los que no se dedicaron al servicio de la Iglesia.

[...] Estos ayunos comunmente eran como vigilias de las fiestas, y según la fiesta era mas solemne, así el ayuno de su vigilia era de más días.

[...] Y acabados estos ochenta días, ponían un ramo pequeño en cierta parte del patio donde todos lo viesen, y era señal que todos se aparejasen para ayunar los otros ochenta días que quedaban hasta la gran fiesta de su dios Camaxtli.

[...] Todo el otro tiempo velaban, y ofrecían encienso echando brasas en sus encensarios todos juntos, y esto hacían muchas veces en el día y en la noche."

Conclusion de fray mamerto esquiú:

"¿Tanta dignación obró jamás la Virgen María entre tantos hijos suyos, sin comparación más dignos de su amor, que la que dispensó al pobre indio y a toda América? Sí, a toda América! Porque antes que los conquistadores formaran esa cadena de ciudades que enlazaban todo el Continenete desde Mejico hasta las últimas de Sud América, ya se había extendido como un lazo de amor una serie de Santuarios de María, focos de beneficios, de consuelos, de amor, de esperanzas para los católicos del Nuevo Mundo.

Como se la invocaba en el antiguo imperio de los Tlastecas, así resuena en el Pacasmallo, así resuena en la Plata, así se la invocaba en las márgenes del Titicaca, en Luján y finalmente en la Virgen del Valle. La piedad de María abraza la América desde el día mismo de su descubrimiento y desde un extremo al otro de su vastísimo Continente, y resaltando de un modo inefable la compasión al indígena; que no parece sino que para el consuelo de los indios abría esas puertas del Cielo en cada uno de sus Santuarios donde el pobre ora, canta, gime, espera y derrama lágrimas de dolor y de reconocimiento, y recibe en cambio lo que hay más puro, más santificador, más propiamente cristiano en el suelo de América!

[...] Pienso que la América ha tenido una vocación especial en orden a la Virgen María, que ha sido el terreno destinado por Dios para que en él se mostrase de un modo especial la riqueza de gracia que la fé en el misterio de la Inmaculada Concepción de María debía traer a los pueblos, como adorna y abasta de bienes a los corazones bien dispuestos.

[...] Ella suscita esos Santuarios que pueblan el Continente Americano, como el profundísimo espacio de los cielos están hermoseados y vivificados por las estrellas que en todos sus puntos resplandecen."

Anexo: salutación y súplica que hacía un principal al tlatoani recien electo.

Extractos. (En cursiva: las expresiones semejantes a las del Nican Mopohua)

Traducción literal

Persona, Tlatoani, tú preciosa persona, precioso, piedra preciosa, turquesa preciosa, ajorca, pluma preciosa, en verdad tu vienes a asentarte, en verdad aquí se ha dignado colocarte Tloque Nahuaque, Ipalnemoa. ...Lo que es cargado, la carga permanece, la cola, el ala ya no tiene madre, no tiene padre..... Y ahora, persona, señor nuestro, Tloque Nahuaque hace el calor, el día. Pues en verdad a ti te señala, te designa. Porque te pintó, te dibujó, te perfiló, te coloreó, Nuestro Señor.....se digna sentarte en la estera, en la silla, en su lugar de honra. ...En tu espalda, en tu seno, en tu lugar de cargar Nuestro Señor asienta lo que es cargado, la carga, la cola, el ala, los
macehuales, los voluntariosos los caprichosos.... y ahora, persona , señor nuestro, mi noble, ciñete la cabeza, aprietate la cabeza, arréglate. Ponte el quimili el cacaxtli. Que se pruebe, que se examine, que sea estimado el aliento, la palabra de Nuestro Señor. Quiza un poco afianzarás la carga, lo que es cargado, pero quiza también te tendrá como breve sueño te soñará, te tomará prestado el agua, el cerro.... oh mi noble señor nuestro, Tlatoani, mi pequeño hijo, Nuestro Señor Tloque Nahuaque se viene a burlar, porque el dispone, es antojadizo, se burla; como le plegue así lo querrá. En el medio de la palma de su mano nos está poniendo, nos está haciendo rodar, rodamos, somos bodoques. A una parte y a otra nos arroja. Nosotros le hacemos reír, de nosotros se está riendo. Obra con mucho tiento, considera bien esto ¿no soñamos?¿no vemos acaso en sueños nuestro don, nuestro merecimiento?Nuestro Señor coloca junto a tí, gasta en ti la fama, la honra y deja a alguno del que está aficionado. Pero quizá se separe de tí, quizá busque sustituto de ti. ¿Acaso Dios es pobre en amigos?¿acaso estás tu solo, tu unicamente?¿cuantos son sus amigos?¿cuantos sus conocidos?... Ahora ya eres diferente, eres respetado, eres digno de respeto; fuiste colocado aparte, estás lleno de honra, lleno de fama; eres valioso, eres admirable, eres persona preciosa; digno de ser guardado, digno de ser honrado, de ser tenido como hijo menor.

La carga lo que es cargado: quiere decir el pueblo, la gente común. Quimili, cacaxtli, tlamamaloni: son carga e instrumentos para cargar. Se utilizan para nombrar a la gente del pueblo. La cola, el ala, significa el pueblo la gente común. Angel M. Garibay K. Identifica al hijo menor como el heredero de todos los bienes.

Traducción de sentido.

Oh mi venerable señor, persona preciosa, en verdad llegas hoy al senorío, Dios se ha dignado colocarte en él..aquí está la gente de pueblo pero ya no tiene quie la guíe...Mas ahora, señor, Tloque Nahuaque hace que de nuevo haya luz pues te ha escogido...Esto fue determinado ya en el mundo divino y Nuestro señor te coloca en la dignidad...Por eso ahora te echas el pueblo a tus espaldas. Dios coloca bajo tu protección a los macehuales que son gente voluntariosa. Así que prepárate a realizar el gran esfuerzo. Que se cumplan los designios de Nuestro Señor. Quizá puedas fortificar a tu pueblo, pero quizá no dures mucho, porque Dios es arbitrario, se burla de nosotros.


 

Extractos del diario del P. Salvaire (1875): (Ver nota al final)

"El capitanejo Quiñehual, al pasar me señaló un rancho en el que vivía la hija del capitanejo Sandoval, perteneciente a la tribu de Namuncurá. Se había casado con un capitanejo de Chipitruz muerto hacía poco. Con aire triste me fue hablando del valle..."Dicen que cuando hay tormenta se oyen como unos lamentos de persona que solloza, y no es el viento que bien sabemos que también suele quejarse al pasar sus ráfagas por el ramaje de un saucedal. ¿No serán algunas almas en pena?. Dicen los gauchos que esas almas piden que les lleven sus huesos al camposanto y así no andarán ya apenados y penando por el triste valle. Sí , en esta costa del arroyo ha habido muchos muertos". Yo no le contradije su creencia pero recé en mi corazón por el eterno descanso de las víctimas de las guerras, especialmente de la guerra contra el indio.

Me dicen que los indios rezan y miran el sol apenas nace en el oriente, pero el sol no es el dueño de la vida, este es el "Chao", es decir el Padre. Comprobé que la religiosidad de los mapuches es muy profunda.

[...]Yo sé que los indios rezan al levantarse y antes de comer, de beber, de fumar, al emprender un trabajo o camino. Pero la oración solemne la hacen en comunidad y solamente en ciertas ocasiones o circunstancias particulares, ante todo en ocasión de sus rogativas (ñguillatún).

[...]La risa de los indios es tan espontánea como la de los niños; cuando están contentos se ríen de cualquier cosa y de nada. En cambio cuando andan entre los "gringos"o "huincás" están como tristes y desconfiados, apenas se animan a sonreír. Quizá tienen razón para tales actitudes, porque en sus parlamentos han oído muy tristes historias.

[...]Los indios del Carhué me trajeron a mí una vaquillona y la degollaron en mi presencia con gran presteza y gritos de contento. Abriendo el pecho con un tajo certero, el mas guapo introdujo la mano en la herida, y todos se apiñaron alrededor del animal sujetado por las piernas y aspas; extrajo el corazón palpitante, lo levantó en alto y ofreció a Dios la sangre caliente (la vida). Luego todos querían recoger un poco de sangre para tomarla caliente en sus cuernos o chifles. Ellos dicen que la sangre los hace fuertes. Yo solo puedo decir que luego el asado fue riquísimo, y lo que los indios desperdiciaron de la carne, se la llevaron los muchos perros que siempre los acompañan.

[...]Todos estaban celebrando con beberajes. Y en vez de buenos saludos recibimos ruidosos insultos de borrachos. El indio mamado es malo y peligroso; puede herir o matar a su mas querido amigo.

[...]Después se levantó el enérgico cacique Anügner, conocido jefe de malones, quien evocó una serie de infidelidades, engaños y crueldades de los blancos para con los indios. A mi me señaló como brujo negro y emisario de la peor laya. Criticó desde mi talar hasta mi coronilla clerical y despertó con sus encendidas palabras una ola de sentimientos hostiles, una conmoción de los ánimos de muchos de los trasnochados. Se levantó también el cacique Milla Hueque, borracho, borracho, y me insultó con las imágenes mas grotescas. Otros caciques mas repitieron eso de que yo era brujo, que sus adivinos se lo habían dicho. Afirmaban que la carga de mi carro eran las raciones que el gobierno les debía por el contrato y a gritos ordenaron que fuera repartida entre la gente.

Entonces se armó un tumulto tremendo. Todo el mundo se abalanzó sobre nuestro carro, sobre nuestras provisiones, sobre nuestros caballos. Un saqueo completo... Triste e impotente tuve que contemplar el despojo. Principalmente me afligía pensar que ya no tendría con qué pagar a los caciques por el rescate de cautivos y quizás me vería privado de un medio para volver...¡Dios mío! Empecé a temblar de angustia; temblaba por mi destino. Me encomendé a Dios y a la Virgen Santísima. Le prometí bajo promesa o voto formal hacer alguna obra que ensalzara a la Virgen de Luján, cuyo asiduo servidor quería ser para siempre. Le prometí también escribir y propalar la historia de la santa imagen y de su santuario y me invadió una gran paz, aunque oía gritos de muerte y de condena.

Dominando la situación, Namuncurá pidió el dictamen final. Parece que existía entre ellos la costumbre de manifestar su opinión, afirmativa o negativa, bebiendo o no del mate que se daba a circulación. Don Bernardo y su cuñado, el cacique Reumay, lo apartaron con gesto ostensible. De inmediato se oyó un sordo murmullo en la asamblea, y ya el silencio estaba por estallar en palabras de protesta, cuando se levantó don Bernardo. Vociferaba que los enemigos del padre Salvare eran unos infames canallas, que todo lo dicho por ellos eran calumnias; que el misionero, lejos de ser espía de Alsina, era amigo sincero de los paisanos. Terminadas sus enérgicas palabras, se acercó a mí, puso sobre mi hombro su propio poncho en señal de su protección, y juró ante todos acabar con el primero que osara agredirme.

[...]Namuncurá me quiso consolar diciéndome que había soñado que en tres días Dios vendría a darme su mano derecha.

Mi estado de ánimo se debatía todo el día entre la confianza en Dios y en su santa Madre y un profundo abatimiento.

[...]Namuncurá y los demás jefes mostraron especial placer en que les regalara medallas de la Virgen y me encargaron cruces de plata. ¡Me pareció esto tan raro! Solo Dios conoce sus corazones.

Es ya el cuarto día que paso en Salinas Grandes. Nunca imaginé este mundo indígena, ni las dificultades que había de padecer. Aún me debato entre esperanzas e incertidumbres, pero confío en Dios y en la protección de nuestra Madre Santísima."

(Extractos del libro: "Una excursión apostólica del Padre
Salvaire a Salinas Grandes"

de Meinrado Hux. El Diario abarca del 20 de octubre al 21 de noviembre de 1875.)


 

Nota:(Según la opinión de un conocido sacerdote historiador, dicho libro no es demasiado serio)

domingo, 14 de febrero de 2010

La Virgen y los pobres de América Latina.

La Virgen vive de un modo especial en el corazón del pueblo latinoamericano. En su vida, en sus luchas cotidianas, nuestro pueblo tiene siempre presente a la Madre del cielo. En Ella busca consuelo, esperanza, fuerza para seguir adelante. Es frecuente en nuestro continente ver en los santuarios o en las ermitas de la ciudad quienes se detienen a contemplar con “una mirada entrañable a una imagen querida de María” (DA 261). Esto se ve acentuado entre los más pobres, las muestras de cariño y la súplica confiada a la Madre de Dios son moneda corriente entre ellos. Mirando esta presencia especial de María en la vida del pueblo, no parece exagerado pensar que hay un amor muy especial de Ella hacia sus hijos más pobres de Latinoamérica. Ella les toca el corazón, los llama, los reúne como hermanos y les da el consuelo necesario para los sufrimientos de la vida. En el dolor, en la angustia, Ella les repite incansablemente al oído: “¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?” (Nican Mopohua, 119).

Para el acompañamiento pastoral de nuestro pueblo, nos parece valioso reflexionar sobre esta relación tan especial que tiene la Madre de Dios con sus hijos más pequeños. El padre Rafael Tello consideró teológicamente muchos aspectos de la vida del pueblo, entre ellos solía destacar la relevancia que tenía este amor entrañable entre la Virgen y los más pobres de América Latina. En este pequeño folleto intentaremos presentar algunas de sus enseñanzas sobre este tema.

Tomaremos tres ideas que nos parecen centrales en la reflexión de Tello a este respecto y las desarrollaremos en sendos apartados. El primer punto tratará de la presencia de la Virgen en el proceso histórico de Latinoamérica. En nuestro continente, como fruto del mestizaje entre el indio y el europeo, nace una nueva forma cultural de vivir la fe cristiana, Puebla lo llama una “originalidad histórica cultural” (DP 446). Juan Pablo II lo decía al inaugurar la Conferencia de Santo Domingo: “En los pueblos de América, Dios se ha escogido un nuevo pueblo”. Este pueblo mestizo desciende de los primeros aborígenes, que tomaron la fe del español, aunque no tomaron su modo de vida. Revisando la historia de la evangelización de América puede verse que la Virgen jugó un papel determinante en la configuración religiosa de este nuevo pueblo. Tanto, que Juan Pablo II dirá que Ella y “sus misterios pertenecen a la identidad propia de estos pueblos y caracterizan su piedad popular”.

En el segundo apartado veremos la significación teológica que encierra una de las devociones más populares en América Latina: la Inmaculada Concepción. Tello cree que el pueblo es profundamente realista en cuanto a la presencia del pecado en su vida, por eso pone fervientemente sus ojos en la Inmaculada, aquella inocente a la que el mal no pudo manchar. En ella encuentra consuelo ante el dolor que causan las heridas del pecado y recupera la inocencia perdida.

El último punto tratará de la unidad indisoluble que hay entre Jesucristo y su Madre. Intentaremos mostrar teológicamente que el pueblo al amar tan intensamente a la Virgen no está cometiendo un acto de idolatría. Cristo nos dejó a María como madre nuestra, y está tan unido a ella que puede decirse –en sana doctrina católica- que Cristo sólo no existe. Pensar que el hombre puede llegar a Dios uniéndose a un Cristo aislado de María es caer en un falso cristocentrismo. Este prejuicio se ha extendido mucho entre los agentes de pastoral, tal vez por una sutil influencia de la mentalidad protestante. Nuestro pueblo es ajeno a estas discusiones teológicas pero sabe que la Virgen está estrechamente unida a Dios y que al amar a la Virgen está amando a Dios.

1. La Virgen en la evangelización de América Latina

1.1 Presencia de María en el proceso histórico de Latinoamérica.

La Virgen María, a través de sus distintas advocaciones, está muy presente en el proceso histórico de Latinoamérica. En 1531, pocos años después de la llegada de los españoles, se iba anunciando el futuro mestizaje, en las calles de Tenochtitlán deambulaban abandonados los primeros niños mestizos, “buscando de comer lo que dejan los puercos y los perros”. Es ahí cuando, en la tilma del indio Juan Diego se aparece milagrosamente la Virgen de Guadalupe tomando el rostro de los más sufridos: un rostro mestizo. En esa misma década –y como consecuencia de esta aparición- comienzan los indios a acudir masivamente a pedir el bautismo, un cronista de la época cuenta que “eran tantos los que en aquellos tiempos venían al bautismo, que a los ministros que bautizaban, muchas veces les acontecía no poder alzar el brazo”.

Desde Guadalupe la presencia de la Virgen se extenderá a todo el continente. En 1536, en Cuzco la aparición de la Virgen de la Descensión en defensa de los españoles que con su luz y su belleza comienza a convertir a los indios. Más tarde, en 1651, la Virgen con el Niño en brazos se aparece a una de las numerosas tribus indígenas de Venezuela, la de los indios cospes en Guanare, en continua guerra con los españoles. Luego se trasladó a Coromoto y hoy es patrona de Venezuela. En Argentina, en 1630 se produce el llamado milagro de Luján que impacta sobre todo en el pueblo pobre representado en el Negro Manuel, y que llega a interesar a gente de mayor posición social, pero no precisamente de conducta “ejemplar”. También la Virgen del Valle y la de Itatí acompañan al pueblo argentino desde el siglo XVII.

Siempre estas manifestaciones comienzan entre los más pobres, y desde ellos se extiende al resto. Tello lo explica con llaneza en un encuentro con sacerdotes en 1985: “María, evangeliza a través de la imagen, desde los pobres. Creo que es un elemento fundamental. No se hace al margen de la jerarquía, pero se hace desde los pobres. Al indio Juan Diego lo manda a hablarle al obispo. En Venezuela le dice andá bautizate. En Luján la traslada la jerarquía a Luján. No en contra de la jerarquía, no al margen de la jerarquía, sino con la jerarquía. Da la impresión que le cuesta mucho más a la Virgen mover a la jerarquía que mover al pobre. Esto también tenemos que aplicárnoslo nosotros”.

Todo esto nos permite hablar de una especialísima intervención de la Virgen en la evangelización de América, María –a través de sus imágenes- está en la raíz de la primera evangelización. Juan Pablo II dirá que “América Latina se ha convertido en la tierra de la nueva visitación. Porque sus habitantes han acogido a Cristo, traído en cierto sentido en el seno de María” . Contemplar esta obra de Dios en nuestro continente es lo que lo lleva a Tello a afirmar que es la Virgen quien evangelizó a América, o mejor, que “Dios le dio América Latina a la Virgen” .

1.2 María es la Madre que reúne sus hijos

Cuando había llegado la hora en que consumaría la obra del Padre, pocos segundos antes de proclamar que todo se ha cumplido y entregar su espíritu, Jesús nos deja a su Madre como Madre nuestra. Ese “Ahí tienes a tu Madre” (Jn 19,27) que pronuncia en la cruz es mucho más que una preocupación piadosa de Jesús hacia su Madre. Como explica R. Brown se trata de una fórmula de revelación: “En estas fórmulas, el personaje que habla revela el misterio de la especial misión salvífica que habrá de asumir aquél a quien se dirige (por ej. Juan Bautista. ‘He aquí al Cordero de Dios’ o en sinópticos: ‘Tú eres Pedro’). La filiación y la maternidad que se proclaman de este modo desde la cruz tienen un valor definido en los planes de Dios y guardan relación con lo que acontece al ser elevado Jesús sobre la cruz. El versículo que sigue en Juan a este episodio sugiere que hay en todo ello un significado más profundo: ‘Después de esto sabiendo Jesús que todo quedaba terminado’. La decisión tomada por Jesús con respecto a su Madre y al discípulo amado viene a completar la obra que el Padre le había encomendado y sirve para dar cumplimiento a la Escritura”.

En estas últimas palabras de Jesús, la tradición católica ha interpretado que se nos revela la maternidad espiritual de María sobre los creyentes. Al pie de la cruz, en la hora en que somos creados de nuevo, somos engendrados –ahora sí con dolores de parto- como hijos de la Virgen. Cristo nos “atrae a todos hacia sí” (Jn 12,32) y nos envía hacia ella: “Ahí tienes a tu madre”. Vamos a María porque es la voluntad de Dios y en Ella encontramos a Cristo. Los pueblos de América Latina han aprendido a ir “A Cristo por María”. A esta conocida fórmula, Tello solía complementarla con la expresión “A María por Cristo”, ya que recurrimos a María porque Cristo así lo manda.

Y es Ella quien, como una madre con sus hijos, va reuniendo al pueblo a su alrededor. El indio que ve destruido su orden social por la conquista, a través del bautismo y de la Virgen va encontrando un lugar. Esto lo explicaba el padre Tello a un grupo de sacerdotes en 1977: “En la fe lo que es anunciado en un lugar central es María. María es precisamente la madre, y después es virgen. Y la madre es el regazo protector, la madre es la que acoge, la que reúne, la que protege, la que de algún modo pone un calor humano. La figura de María como madre en un mundo de hombres tan desamparados, tan destruidos en su vida comunitaria, tan sin nombre... la Virgen es la que acoge, la que reúne, la que de algún modo da ese calor maternal. Y la que a través del bautismo, -a través de su Hijo, por eso María va a ser siempre la que da a Cristo, la que por medio de Cristo; y a Cristo se lo recibe, se participa de Cristo por el bautismo- hace formar parte de una comunidad humana.

No solamente forma parte de la comunidad de los hijos de Dios como comunión de los santos, sino que es por medio de María que se siente la participación en una comunidad humana. Es por mediación de María que el indio experimenta, tiene la experiencia de volver a ser miembro de una comunidad sensible, histórica. Y es también a través del bautismo, Cristo, y la mediación de María la Madre, por quien el indio recibe una identidad, un nombre, se reconoce a sí mismo… Lo que le pasó al indio se repetirá en el mestizo y se sigue repitiendo en el pueblo criollo... María siempre ha estado sigue y seguirá estando en nuestro pueblo como lo estuvo con el indio y con el mestizo”.

El milagro de Luján también atestigua este nucleamiento del pueblo alrededor de la Madre. Con un comienzo muy modesto, unos troperos (que muy probablemente eran contrabandistas) y un negro esclavo, poco a poco y comenzando por los más pobres fue formándose un pueblo en torno a la pequeña imagen de la Inmaculada. “La primera fundadora de esta villa” reza la rayera. Tello ve aquí que la función de la Virgen de Luján es ayudar a la fundación de la Nación: “La Virgen nace claramente con una intención de formación o ayuda para constituir el pueblo argentino… Aunque cuando aparece la Virgen no existe la Argentina, yo creo que se puede decir que la Virgen nace para formar la Argentina, para ayudar a la formación de ella. Primero actúa en un radio reducido de gente pobre, la cuida un negro esclavo… Luego es trasladada a Luján por Ana de Matos (una viuda alegre que tenía tres hijos que no eran de su marido dice Presas)… A través de ella, la Virgen de Luján es la primera fundadora de la Villa de Luján. Y Luján es un lugar de avanzada contra los malones de indios. Tiene una importancia religiosa muy grande, de tal modo que los próceres de la patria van a Luján a buscar la protección de la Virgen. Por ejemplo en las invasiones inglesas Pueyrredón va Luján, Belgrano antes de ir a defender la navegación de los ríos en el norte, crea la bandera después de pasar por Luján; hay varios casos…”.

1.3 Las imágenes marianas y la evangelización

Las imágenes religiosas –especialmente las marianas- juegan un papel muy importante en la evangelización de América. Para el pueblo, la Virgen no es simplemente María considerada universalmente. El pueblo reconoce a la Virgen en advocaciones concretas, ligadas a su proceso histórico y generalmente ligadas de modo milagroso a un lugar.

Las imágenes de la Virgen entran a formar parte de la identidad histórica de cada población. De tal modo, que Puebla enseña que la identidad latinoamericana “se simboliza muy luminosamente en el rostro mestizo de María de Guadalupe que se yergue al inicio de la Evangelización” (DP 446). En ella se identifican como hermanos frente a otros (esto es muy notable en las comunidades de bolivianos, peruanos y paraguayos que viven en Argentina, traen sus imágenes y recrean sus identidades alrededor de sus fiestas).

La importancia de las imágenes para la evangelización está largamente atestiguada en la tradición de la Iglesia. Ya el II Concilio de Nicea (año 787) decía que “el honor de la imagen, se dirige al original, y el que adora una imagen, adora a la persona en ella representada” (Dz 302). Creemos que esto mismo es lo que vive intensamente el pueblo latinoamericano. Ante las efusivas muestras de amor a la Madre que se ven en nuestro pueblo, no parece desproporcionado pensar que tanto cariño y tanta emoción brotan del sentimiento de estar ante la mismísima Virgen en persona.

La medalla de la Virgen. La teología de Tello es efectivamente orientada hacia la pastoral. Por eso, no se conformaba con explicar la relevancia de las imágenes marianas para la evangelización, iba más allá y promovía que se fabricaran imágenes bellas y a bajo costo para que se difundan entre los más pobres. El lema era “En cada casa una imagen, en cada barrio una ermita”, a lo que luego se agregó “en cada pecho una medalla”.

Una especial riqueza encontraba Tello en la costumbre popular de llevar una medalla de la Virgen. En un encuentro con sacerdotes en 1985 decía: “¿Qué es llevar la Virgen? Llevar la Virgen colgada al cuello, es llevar la Virgen sobre la carne, sobre el cuerpo. Tal vez ustedes no lo hayan advertido pero a mí me parece que la gente del pueblo cuando quiere llevar la Virgen es eso: llevar la Virgen pero llevarla sobre su cuerpo, sobre su carne; es como sellarse la carne con la Virgen o con Cristo. Me parece que para la gente es muy importante llevar sobre su cuerpo la imagen de la Virgen, para el cristiano popular”.

También explicaba las raíces históricas de esta práctica: “Acá probablemente en el siglo XVIII y manifiestamente en el XIX salió una cinta celeste y blanca con la medida de la Virgen: 38 centímetros, la altura de la Virgen de Luján. ¿Qué es la medida de la Virgen que antes se la llevaba puesta? La Virgen de Luján, los soldados que iban a pelear con los ingleses (los ingleses después los barrían), se ponían la medida de la Virgen. Era una manera como de revestirse de la Virgen. El bautismo reviste de Cristo, pero vaya a saber, eso no se ve mucho. En cambio está revestido de la Virgen. Hoy día revestirse de la Virgen es más visible, más eficaz. Y yo creo que se va a extender mucho. Es revestirse de la Virgen poniéndole la medalla al cuello, con un ceremonial que cambiará supongo, que es muy sencillo, muy lindo, dice mucho. El ceremonial en un principio era: ¿cómo te llamás? El nombre; ‘la Virgen es tu madre’ o ‘¿la quieres aceptar como madre?’; bueno, andá a entenderte con la Virgen. Y que el tipo fuera a ponerse delante de la Virgen. No sé cómo es el ceremonial ahora; cada uno lo inventará a su modo; más o menos era eso”.

2. La Inmaculada y el pueblo pecador

La mayor parte de estas advocaciones marianas con las que se evangelizó a América Latina corresponden a imágenes de la Inmaculada Concepción. La Virgen de Guadalupe es la Inmaculada, del mismo modo que la Virgen de Luján, la del Valle y la de Itatí.

El misterio de la Inmaculada Concepción nos recuerda el especial privilegio que Dios quiso concederle a María, que fue preservada de la deformación del pecado. La Inmaculada es la máxima expresión humana de la inocencia. El arte barroco lo expresa muy bien, generalmente se presenta a la Inmaculada como una jovencita. Por supuesto que María es sin pecado durante toda su vida, tanto de niña, como al pie de la cruz o en el momento de pasar de este mundo al Padre. A pesar de esto, para representar el misterio de su Inmaculada Concepción se la pinta como jovencita, desbordante de inocencia juvenil. Además, María en América es siempre jovencita, “Niña mía” la llama Juan Diego.

En la charla con sacerdotes que citábamos, el padre Tello decía: “Cuando Santo Tomás quiere decir qué es virgen dice: es la frescura juvenil; un prado virgen. Cuando habla de la analogía dice el prado ríe; y estudia la analogía a través de la expresión el prado ríe. Es como un prado verde lleno de frescura, de un verdor que no ha sido quemado por el sol. La virginidad para Santo Tomás es el frescor de una vida y es la juventud de una vida. A través de eso va a expresar la virginidad. Y creo que en la Escritura es eso la virginidad. La Inmaculada no es la Virgen embarazada, sino la inocencia que aparece juvenil, fresca, y por eso no tiene al chico”.

Además, la Inmaculada tiene una actitud de elevación al cielo, está mirando al cielo, tiende hacia Dios. Puede decirse que siempre está en un movimiento ascensional, en tensión hacia lo alto. Esto aumenta la gracilidad de su inocencia, la inocencia de la que no conoció pecado.

Nuestro pueblo percibe hondamente esta inocencia absoluta de la Inmaculada. El pueblo se sabe profundamente pecador, se siente gastado por las heridas del pecado, y encuentra consuelo en la que no conoció pecado. Es como un terreno quemado por el sol que anhela la bendición de la nube cargada de agua.

Decía Tello en la misma charla coloquial: “Nosotros los curas hemos perdido el sentido de la Inmaculada; porque creemos, porque ya está definido. Hemos perdido el sentido humano de la Inmaculada. El sentido de sentirse pecador sin remedio. No temería decir que el pueblo se sabe pecador sin remedio, se sabe pecador hasta el fondo, pecador sin salida; y precisamente por eso es que va a mirar a la Virgen como la Inmaculada, la inocente, la sin pecado”.

Pastoralmente esto tiene muchas consecuencias, la vida moderna tiende a perder el sentido del pecado, incluso los pastores muchas veces nos resistimos a ver la presencia del pecado en nuestro pueblo. En cambio el pueblo es más realista, y porque se siente muy pecador tiene muy presente a la Inmaculada. Desde el barro del pecado eleva sus ojos a la pureza de la Madre e invocándola en el “Ave María Purísima” de algún modo encuentra consuelo, recupera algo de su inocencia. Al confiarse en la “Reina y Madre de misericordia” el pueblo halla la inocencia perdida, según Tello esto es profundamente cristiano ya que la redención es eso, recomponernos de las heridas del pecado y recuperar la inocencia.

La Inmaculada es también la llena de gracia, la mujer llena del amor de Dios, la que enamora a Dios. Aquella en cuya belleza “todo un Dios se recrea”. Como un artista, que obra inspirado por el amor de una mujer, así Dios obra la creación y la redención enamorado de María. Ella está no sólo al principio de la redención, sino también al principio de la creación. La Iglesia aplica a María las palabras de Prov 8,22: “la sabiduría estaba al principio con Dios y jugaba con Dios”. Y volvemos a recurrir a la frescura de las propias palabras de Tello:

“María es la mujer de la cual Dios se ha enamorado e inspirado en la cual y con la cual crea toda la belleza de la naturaleza. Y eso es otra cosa que ve nuestro pueblo. Todo el arte barroco es eso. Toda la naturaleza, las frutas, los animales, las plantas, la tierra, la luna, el sol, toda la naturaleza entra a formar parte de ese culto, de esa relación con Dios. No es una relación con un Dios espiritual y abstracto, sino que es el hombre con toda la naturaleza el que está en relación con Dios…

Nuestro pueblo ve que por la mediación de María la Inmaculada, la llena de gracia, la toda bella, toda la creación está como amasada en el amor de Dios. El amor de Dios se extiende a la creación, a la criatura, a la naturaleza a través del amor a María.”

Por otra parte, la Virgen como mujer nos hace más cercano a Dios. Nuestra gente sabe que Dios es Padre y un Padre creador, pero la figura del padre en nuestro horizonte cultural está ligada a la idea de autoridad, de dominio. Esta figura se vincula fácilmente a la noción de señor. Esto hace que se pueda sentir algo lejano a un Dios que es Padre. En cambio la imagen de la madre remite a la ternura, a la comprensión, al cariño, a la accesibilidad, en definitiva a la cercanía. Son dos aspectos del amor de Dios que se expresan en la distinción de sexos.

María, entonces, es la Mamita Virgen que nos hace cercana, suave, accesible la figura de Dios Padre, nos muestra el “rostro maternal de Dios”. A través de su mirada de Madre se derrama toda la ternura del amor de Dios. María es la mujer que mueve el corazón de Dios, lo acerca a sus hijos, es la que de algún modo hace de puente. Esta es una verdad que ha calado hondo en el alma del pueblo latinoamericano que la invoca como “vida, dulzura y esperanza nuestra”. Dirá Tello: “porque se siente pecador, porque se sabe pecador, porque se sabe que no es digno de Dios, recurre a la ternura, a la accesibilidad, al cariño, a la comprensión de la mujer amada de Dios, que se transforma en la intercesora, el puente, la que hace cercano a Dios al corazón del hombre”.

3. María y Cristo son “uno”

Como ya hemos señalado, la devoción a María se expresa intensamente en nuestras tierras. Al contemplar tanto fervor mariano, algunos creen que el hecho de que las mayores manifestaciones de cariño y devoción sean hacia María es un indicador de que hay una fe “deformada”, que le da más valor a la Madre de Dios que al mismo Dios. Como si en la fe vivida por el pueblo hubiera una preeminencia mariana inadecuada, que lleva a rendirle a María un culto de idolatría.

Rafael Tello meditó profundamente sobre esta cuestión. Él no creía que este afecto del pueblo por la Virgen estuviera fuera de quicio. Más bien veía que el pueblo, al amarla tan intensamente estaba mostrando que percibía –por gracia de Dios seguramente- una verdad de fe muy importante: la Virgen María está indisolublemente unida a Cristo. Para el pueblo, Cristo solo no existe, como tampoco existe la Madre separada del Hijo. Esto es algo doctrinalmente ortodoxo y que no siempre entienden quienes juzgan que el pueblo ama “excesivamente” a la Virgen.

En varias oportunidades, Tello explicaba teológicamente como es esa unión indisoluble entre la Madre y el Hijo. Este teólogo sostiene que para la tradición de la Iglesia, Cristo y María son “uno”. Por supuesto que mantiene que son personas distintísimas (una es creada y la otra increada) y que de ningún modo esta unidad debe entenderse como una unidad ontológica. Aún así, Cristo se ha unido a todos los hombres, que son miembros suyos, es unum con su Iglesia (cfr. Jn 17,22). En primer lugar, de modo eminente, se ha unido a la Virgen.

Parte de esta explicación tiene un fuerte argumento de autoridad. En 1854 Pio IX declara el dogma de la Inmaculada Concepción con la bula Ineffabilis Deus. Allí enseña que Dios estableció “con el mismo decreto el origen de María y la encarnación de la divina Sabiduría”. En una conversación en el año 2000 en la que Tello comentaba esta bula papal decía: “Esto significa lo siguiente: que cuando Dios mira a Cristo y determina que Cristo exista, en el mismo momento, en el mismo acto intelectual con que lo ve y lo determina a Cristo, la ve y la determina a la Virgen. (Habría mucho que explicar sobre esto). Cristo no existe en la mente de Dios, que es el modo principal de existir, sin la Virgen. Cristo lo que es, es según la concepción de Dios. Todo lo que es Cristo, es lo que Dios ha concebido y ha querido para Cristo. Y Dios ha concebido a Cristo junto con María. Por eso yo digo esa fórmula: Cristo no existe sin María. No existe en la mente de Dios. No existe el concepto mismo de Cristo Ungido como Mediador sin María.”

Dios mismo la ideó a María y la quiso unida a Cristo de modo estrechísimo e indisoluble. Y el hombre no ha de separar lo que Dios ha unido. Esta unidad tan fuerte entre Cristo y María es lo que el pueblo conoce -sin atinar a formularlo- y expresa en sus devociones marianas. Ese “Dios y la Virgen” siempre a flor de labios en nuestro pueblo es un signo elocuente de esto.

Por otra parte, Tello explica que Cristo y María son el fin de la vida del hombre. Dios es la bienaventuranza eterna, la salvación misma. Y Cristo, que es Dios y hombre, en cuanto Dios es término de nuestra salvación y en cuanto hombre es medio, agente, autor de nuestra salvación. La Virgen María, al ser “uno” con Él también puede considerarse como formando parte del término de nuestra salvación. Pero leamos algunos párrafos de un apunte del mismo Tello para entender mejor esta cuestión tan delicada:

“La Virgen María está, como es obvio, unida a la humanidad, a toda la humanidad de Jesús, pero por ser Madre de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad también está intrínseca, íntima, estrecha e indisolublemente unida a la divinidad. Y así como Cristo es medio y es fin de la salvación de los hombres, la Virgen María lo complementa en ambos aspectos: como medio y como término de la salvación. Esto es muy importante percibirlo para entender mejor a la Virgen, pero también lo es para poder entender la fe y devoción de nuestro pueblo cristiano.

Cristo, Dios hecho hombre, es término y es medio de la salvación, pero el término y fin racionalmente es primero que el medio, por eso -si se puede hablar así- Cristo es ante todo la misma Salvación, término querido. Luego, consecuentemente es también medio y camino de salvación.

Dado que la Virgen es “uno” con Cristo, ligada indisolublemente con Él como hombre y como Dios, ella también es primariamente y ante todo parte de la salvación misma (forma intrínsecamente parte del término) y consecuentemente forma parte asimismo del medio y camino, cooperando de muchas maneras con las obras de la salvación.

A Cristo le fue dada por el Padre la salvación, para que Él, Dios-hombre, sea la salvación misma y para que Él la realice. Pero con Cristo y siendo “uno” con Él, puso a la Virgen para que sea también parte de la salvación y para que sea parte en su realización, ella es participadamente término y medio.

Por tanto, negar que la Virgen sea medio -y un medio privilegiado para obtener la salvación- es un error contra la enseñanza divina, pero negar que forma parte del término -y en este sentido es término- también es un error y en cierto sentido más grave. Aunque esto último no se niegue formalmente, minimizar que sea término o callarlo de costumbre y sólo dirigirse a Ella como medio, parece ser una actitud menos recta.

Nuestro pueblo ve siempre a la Virgen junto con Dios, como formando parte del complejo divino que da el sentido último a la vida del hombre. De acuerdo con lo que puede ser considerado un elemento esencial de la revelación de Jesucristo ve a Dios como Padre y a la Virgen María (que es el “rostro maternal de Dios”, según el Papa) la ve como Madre (unida a Dios, de parte de Dios) con todo lo que dicho concepto y término -“madre”- significa para nosotros en nuestra cultura.

Junto con eso la reconoce como medio excelso y singular de salvación, pues la madre no abandona a sus hijos y está siempre con ellos.

La posición de nuestro pueblo con respecto a la Virgen -a la que ve siempre del lado de Dios a quien con razón considera principio y fin o término de la vida- es pues plenamente ortodoxa y en cierta manera es más verdadera que otras posiciones que también se dan en la Iglesia y que consideran a la Virgen prácticamente sólo como medio para la salvación”.

Es por esto que Tello cree que es un error utilizar a la Virgen como un instrumento para anunciar a Cristo. Así como a Cristo no se lo instrumenta para llegar a Dios, tampoco a María hay que usarla como instrumento para llegar a Cristo. Eso sería separarlos en aras de un falso “cristocentrismo”. Pero Cristo sólo no existe, por eso el verdadero cristocentrismo es ser también mariano. Nadie dudaría del cristocentrismo de Juan Pablo II a pesar del lema apasionadamente mariano de su escudo: Totus tuus. Si algunos en la Iglesia piensan que puede anunciarse a Cristo sin María, o dejándole a ella sólo un lugar accidental, tal vez sea por influencia de la mentalidad protestante, siempre temerosa de que la devoción mariana coloque a la Virgen en un lugar que menoscabe la única mediación de Cristo. Tello sostiene que en la evangelización, el anuncio debe ser de Cristo y María porque están estrechamente unidos. Cuando el pueblo crece en amor a la Virgen, conjuntamente crece en amor a Cristo.

Conclusión

Este folleto sólo intenta presentar someramente algunas enseñanzas del padre Tello sobre la Virgen. Ciertamente que muchos de los temas requieren una mayor explicitación pero esperamos que lo dicho sea suficiente para ayudar a sacerdotes y laicos interesados en conocer y acompañar la vida cristiana del pueblo pobre latinoamericano.

Creemos que así como María fue la estrella de la evangelización de América Latina, debe serlo de la Nueva Evangelización. Tello insistía en que sin la Virgen, o con Ella sólo como un instrumento no tendremos las fuerzas que se necesitan para continuar y completar la primera evangelización. Alguna vez lo formuló incisivamente: “La Nueva Evangelización será con la Virgen o no será”.

Por eso, para ser fieles a la misión de evangelizar a nuestro pueblo, vemos necesario esforzarnos por conocer cada día más cuales son los caminos por donde fluye este amor tan especial entre la Virgen y sus hijos más pobres, a quienes guardará siempre en sus ojos como guarda a Juan Diego reflejado en sus pupilas.

Y esperamos, y hacemos votos, para que este conocimiento nos impulse a gozarnos en la vida cristiana de nuestro pueblo, que responde a la mirada compasiva de María ofreciéndole filialmente “alma, vida y corazón”.